9 Mayo, 2013 | RSS
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“El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla” Manuel Vicent
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Carta de los hijos de Ramón Calderon

A quien corresponda:

Mediante este carta, queremos mostrar, ante quien corresponda, nuestra perplejidad y confusión ante los hechos que, como espectadores pasivos, hemos vivido sobre el caso judicial de las falsificaciones de votos, en las elecciones del Real Madrid, celebradas en el año 2006.

Nuestro padre y nuestros abuelos, que ejercieron con éxito la Abogacía -uno de ellos en su condición de Abogado del Estado- nos enseñaron que un país democrático necesita, para ser realmente libre, una justicia y unos jueces en quienes poder confiar. Así mismo, les escuchamos también decir que “La mujer del Cesar, además de ser honrada, debía parecerlo”

Por ello, nuestro desconcierto y sorpresa al saber que el Juez que instruyó el caso contra nuestro padre -y no se abstuvo de continuar haciendolo, a pesar de la recusación planteada- mantiene una estrecha relación con el Presidente de una de las acusaciones particulares en el proceso quien, además, es un íntimo enemigo público de nuestro padre.

Nos han informado que ese Juez, y uno de sus hijos, por deferencia de su amigo, el actual Presidente del Club, tuvieron el privilegio de saltarse las listas de espera, en las que figuraban miles de personas, para acceder a la condición de socios y abonados del Real Madrid; que el primo hermano y socio de ese Juez es el Consejero Delegado de una gran Empresa llamada ACS, que preside ese mismo señor y que, incluso, un hermano es el Subdirector General de un Broker llamado Willis al que ese Presidente encomendó la colocación de los seguros del Club de fútbol nada más acceder a la presidencia.

Por si ello no fuera poco, un rival de nuestro padre en aquellas elecciones, de cuya candidatura la policía descubrió cientos de votos falsos, apoyado públicamente por el amigo del Juez en la campaña electoral, y al que acompañaban ocho directivos actuales del Club, fue exculpado desde el inicio del proceso y no se permitió, siquiera, que declarara como testigo.

Queremos creer que, aunque algunos de los que han intervenido en la causa nos hayan informado de que muchas decisiones han sido “extrañas”, el Juez habrá actuado de acuerdo con su conciencia y ateniendose a los mandatos legales y procesales pero comprenderán que, con los antecedentes conocidos, nos encontremos sumidos en un mar de dudas.

A esta situación de confusión ha venido ahora a sumarse la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid que, según nos comunican, en una Resolución muy poco habitual, ha decidido desautorizar al Juez, revocar todas sus decisiones inculpatorias, y archivar el asunto que, con tanto celo, se ha tramitado contra nuestro padre, evitando así la celebración del juicio en el que los medios de comunicación, controlados por el amigo del Juez, ya le daban por condenado.

Nos encantaría seguir confiando ciegamente en la justicia y en todos los que la administran. Sin duda la última Resolución de quienes están por encima del Juez nos ayudará, aunque llega muy tarde porque el daño es ya irreparable. La justicia tiene que ser justa desde el inicio de los procesos, no solo cuando concluyen porque, para entonces, en muchos casos como en el presente, el mal ya esta hecho, el perjuicio causado y la honra mancillada.

Nunca olvidaremos lo que hemos visto sufrir a nuestro padre día a día, junto con nuestra madre, durante seis interminables años, por lo que él consideraba una tremenda injusticia y, los abogados, la instrucción de un proceso judicial poco común e inquisitorial en el que, siendo denunciante, se convirtió en acusado y perseguido.

Igualmente hemos tenido que asistir, indefensos e indignados, a la inmisericorde persecución que, el íntimo amigo del Juez y los medios de comunicación afectos a él, emprendieron contra nuestro padre, fotos dentro del Juzgado y filtraciones constantes incluidas.

Difícilmente nada ni nadie podrá resarcir ya a nuestra familia del daño moral, social y físico que este proceso y su desmedida e interesada publicidad nos han ocasionado, pero como también en nuestra casa se vive y se practica la fe cristiana deseamos, fervientemente, que ni el Juez en cuestión, ni sus hijos, tengan la desgracia de vivir una aventura como la que nosotros hemos padecido.

Además, y como simples ciudadanos, nos gustaría transmitir, a quien corresponda, que situaciones como la expuesta pueden llegar a producir la sensación, en el hombre de la calle, de que “todos somos iguales ante la Ley, pero no ante quienes la aplican”.

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